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lunes, 10 de febrero de 2014

Medio llena, medio vacía

El juicio sobre una situación económica ha de basarse en un conjunto de datos que reflejan el funcionamiento de esa economía. Un conjunto de datos que abarquen toda la realidad económica y financiera, que incluyan ratios de equilibrio y eficiencia, y su evolución a lo largo del tiempo. Reducir la complejidad de la coyuntura de una economía a eslóganes orientados según se sea gobierno u oposición es algo común en la política, pero es una simplificación que desorienta y genera desconfianza. 

¿Cómo va la economía? ¿Estamos realmente saliendo de la crisis? Estas son dos preguntas que todos los días nos hacen a los economistas, porque los políticos, con su credibilidad bajo cero, dan mensajes contradictorios. Para el Gobierno, hemos pasado lo peor de la crisis gracias a sus políticas, estamos en la senda de la recuperación y pronto se creará empleo. Para la oposición, se ha mejorado algo la situación gracias a Bruselas, la recuperación es aún titubeante y el empleo tardará en llegar y será precario. Y cada uno de ellos lleva razón en una de sus afirmaciones, dice una verdad a medias en otra y sabe que "dulcifica la verdad" en una tercera. 

Lleva razón el Gobierno cuando dice que lo peor ya ha pasado porque de los 110 indicadores básicos de la economía, que llegamos a tener en negativo 105 en 2012, hay hoy más de 70 en positivo: el PIB está creciendo lentamente, la demanda interna lo hace en todas sus partidas (salvo consumo público y débilmente en inversión), el sector exterior mejora, como mejora la productividad o las ratios financieras (prima de riesgo, bolsa) y de saneamiento, como va bien la inflación. Lleva razón cuando se arroga la mayor parte del mérito en haber evitado el precipicio. Y en lo que lleva razón el Gobierno, se equivoca la oposición, no reconociendo que la política de consolidación fiscal y salvamento del sistema financiero han sido decisiones acertadas (con matices) a las que ellos se opusieron. 

Pero siendo esto cierto, no es menos cierto que la recuperación será sólo del 0,5-1% este año, con una lenta aceleración para el 2015, lejos de las tasas a las que debemos crecer para crear realmente empleo, por lo que hablar de "recuperación" es un poco exagerado. Y ahí lleva razón la oposición cuando le recrimina al Gobierno su optimismo. 

Sin embargo, en lo que más "dulcifica la verdad" el Gobierno y lleva razón la oposición, es en la mejora del mercado de trabajo. Porque si bien se está reduciendo la tasa de paro, el Gobierno no dice que esta reducción se debe a la caída de la población activa, a la creación de empleo temporal (más del 80% de los nuevos contratos) y a la reducción salarial. Como no reconoce que esta situación se va a prolongar mucho tiempo, en gran medida porque la recuperación real tardará en llegar y porque ni el Gobierno ni la oposición tienen un plan de política económica que transforme nuestra economía. Más aún, la conversión del crecimiento de la actividad en empleo, que es lo que realmente le preocupa a la ciudadanía, será lenta muchas razones: por la forma en la que estamos creciendo, en el sector exportador industrial (de baja absorción de empleo) y en el turismo (de alta temporalidad); porque hemos perdido más de un millón de empresas; por las bajas expectativas de crecimiento de la demanda del empresario medio, sus dificultades para financiarse (especialmente en su circulante) y su desconfianza hacia la contratación indefinida; y porque el Gobierno no sabe cómo hacer una política incentivadora de empleo, y para prueba la última subida encubierta de cotizaciones. 

Los políticos pueden contar que el vaso está medio lleno o medio vacío, la obligación de los economistas es decir el número exacto de centilitros de líquido que hay en él en cada momento. Si es mucho o es poco dependerá de quién se lo esté bebiendo. 

lunes, 27 de enero de 2014

Análisis de sangre

La Encuesta de Población Activa trimestral (EPA) es a la economía lo que un análisis de sangre completo a la medicina: un instrumento clave para el diagnóstico. Lo que se refleja en la EPA puede manipularse e interpretarse, pero no deja de contener una realidad para el que la quiera ver. Y la realidad que nos refleja la última EPA es que el mercado de trabajo español está profundamente enfermo. 

El número de activos ha descendido en 450.000 personas en año y medio, hasta los 22,6 millones, tras un máximo de 23,1 en el 2012. Hay, pues, medio millón de personas que sencillamente han desaparecido del mercado laboral, bien porque han emigrado, bien porque han dejado de buscar empleo, bien porque continúan sus estudios. Por su parte, el nivel de ocupados está en 16,7 millones, en los mismos niveles que en el tercer trimestre del 2002, habiéndose perdido desde el 2008 hasta hoy 3,7 millones de puestos de trabajo. Es cierto que este año pasado solo se han perdido unos 200.000 puestos de trabajo, muy lejos de los 850.000 del 2012, pero no es menos cierto que estamos muy lejos de los 20,5 millones de puestos de trabajo que había en el 2007. Para volver a crear los 3,7 millones de trabajo que se ha llevado la crisis por delante necesitaremos años. En la historia reciente de nuestro país, curiosamente, esa cifra mágica de 3,7 millones de puestos de trabajo se crearon en dos periodos de cinco años: entre 1996 y el año 2000 y entre el año 2001 y el 2006. Eso sí, con tasas medias de crecimiento económico superiores al 3%, con bajos niveles de endeudamiento de la economía y con ajuste del déficit público. Finalmente, el número de parados es uno de los más altos de nuestra historia, pues tenemos 5,9 millones de personas en paro, o sea, unos 60.000 menos que hace un año. 

La situación, pues, del mercado de trabajo español, que reflejan los análisis, es que está enfermo, gravemente enfermo, por lo que la pregunta clave, aparte de preguntarse por las causas, es si va a seguir deteriorándose. 

Mi opinión, que no puedo matizar en pocas líneas, es la siguiente. 

Es probable que continúe el deterioro de la población activa. La población activa descenderá por las mismas causas que ha descendido este año pasado: habrá saldo neto de emigración (unos 200.000), por la salida de extranjeros que vinieron en la época del crecimiento y que han agotado sus prestaciones laborales, y por la salida de españoles, especialmente jóvenes, que no encuentran empleo; en segundo lugar, los parados de larga duración, especialmente, de determinadas edades, se desaniman y dejan de buscar empleo; y, finalmente, los jóvenes, con una tasa de paro juvenil superior al 50% continúan estudios y no ingresan en la población activa. 

Es muy probable que la ocupación crezca en los próximos trimestres, especialmente en el verano, para generar en el entorno de unos 100.000-150.000 puestos de trabajo netos en el cómputo del año. Tendríamos que crecer por encima del 1% y en sectores muy intensivos en mano de obra para volver a crear los 200.000 puestos de trabajo que antes de la crisis creaba cada punto de PIB. 

En este año 2014, pues, veremos bajar la tasa de paro por debajo del 25%. Bastaría con que la población activa bajara en 200.000 personas y se crearan 100.000 puestos de trabajo para reducir la tasa de paro en un punto hasta el 24,9%. Es incluso probable que la tasa de paro baje más, pero más por reducción de población activa que por creación de puestos de trabajo. 

Mucho me temo que los análisis de sangre de los próximos trimestres seguirán diciéndonos que tenemos una economía enferma, muy enferma, que está estabilizándose dentro de su gravedad. El pronóstico es, pues, reservado. Del tratamiento hablaremos otro día. 

27 de enero de 2014 

lunes, 13 de enero de 2014

Guía para perder unas elecciones

Este año 2014 se inicia el largo ciclo electoral español que culminará en 2015. Un ciclo electoral que empezará en mayo con las elecciones europeas y culminará con el gran año electoral de 2015. Porque es en 2015 en el que los españoles tendremos que renovar prácticamente todos los gobiernos: en mayo de 2015 tendremos elecciones municipales y 13 elecciones autonómicas, algunas tan importantes como Madrid y Valencia. Luego, en noviembre de 2015 (no creo que antes), tendremos las generales. Y no descartemos que a lo largo de 2015 haya un adelanto electoral, plebiscitario, en Cataluña, tras el previsible fiasco de la "consulta", o que Susana Díaz haga coincidir las andaluzas con las generales. Empieza el ciclo electoral y toda decisión de nuestros políticos habrá que analizarla, más que nunca, en términos electorales. 

Sin embargo, parece que los dos principales partidos están empeñados en perder las elecciones, haciendo todo lo posible porque sólo vayan a votarles sus militantes y alejándonos a los simples votantes. Parece que siguen una guía para perder las elecciones. 

El primer precepto de la guía que están siguiendo es el de no tener un candidato para las elecciones. Ninguno de los dos grandes partidos ha escogido aún su cabeza de cartel para las elecciones europeas de dentro de 4 meses. Más aún, el Partido Popular aún no tiene líder en Andalucía, como no lo tiene para la alcaldía de Madrid, como no lo tiene para Murcia, mientras que el PSOE, que no sabe si presentará a Rubalcaba a las generales, está a la espera de un ciclo interno de primarias a pocos meses de cada elección, como si las primarias fueran una especie de campaña de márketing. En el caso de las europeas no tienen prisa en escoger su candidato quizás porque consideran que estas elecciones son menores, pero mucho me temo que, además de su importancia para Europa, leídas en clave interior, son muy importantes: si las gana el PP porque terminaría de hundir al PSOE y a Rubalcaba; y si las gana el PSOE porque aflorarían los nervios en el Partido Popular. Creo que los partidos se equivocan si creen que pueden construir un candidato en seis meses. Algunos ya estamos hartos de operaciones de márketing. 

El segundo precepto que están siguiendo es no tener un discurso coherente y cercano a la realidad. Así, las contradicciones de los populares son asombrosas, como los debates sobre impuestos o energía o sobre el aborto, pero lo alucinante son las huidas de la realidad: para los partidos políticos no existe la corrupción (ni el caso Bárcenas para el PP, ni los ERE para el PSOE, ni MercaSevilla para IU); Gibraltar es el tema clave de nuestra política exterior para el PP, mientras que para la izquierda lo que ocurra con el Valle de los Caídos es crítico y, así, hasta el hartazgo. El paro, la corrupción, los impuestos, la ineficacia pública, etcétera son temas que o no existen o se resuelven con los mismos discursos de siempre. 

El tercer mandamiento para perder las elecciones es no buscar el centro y radicalizarse contentando a sus extremos. Así, para el PSOE lo importante es cargar contra la Iglesia, ser más estatista que Marx o prometer derogar todas las leyes que está aprobando el PP, mientras que para el PP lo más urgente es reformar el Código Penal para convertir el aborto en delito y terminar de cambiar todas las leyes que aprobó Zapatero. 

Este año empieza un ciclo electoral y los partidos políticos no nos están haciendo propuestas ni de candidatos, ni de discurso. Creo que están demasiado ensimismados, unos porque siguen desbordados por la caótica gestión que están haciendo, otros porque están catatónicos dos años después de haber perdido las elecciones. Parece que se empeñan en que no vayan a votarlos ni los de su propia ideología. Y, a tenor de los hechos, lo más probable es que lo consigan. 

lunes, 16 de diciembre de 2013

Las preguntas

"¿Quiere que Cataluña sea un Estado? En caso afirmativo, ¿quiere que sea un Estado independiente?". Estas son las preguntas que proponen los cuatro partidos nacionalistas catalanes para la consulta sobre la secesión de Cataluña a celebrar, según ellos, el 9 de noviembre del 2014, con lo que certifican su desprecio a dos principios democráticos elementales. 

El primer principio democrático que los nacionalistas están vulnerando es el del respeto al Estado de Derecho, es decir, al principio político y jurídico elemental de que toda acción pública debe estar sometida a la ley. Un referéndum de secesión como el que proponen es, con la Constitución en la mano, claramente ilegal por inconstitucional, por dos razones de peso. La primera porque el mero hecho de hacer el referéndum a una parte de la población española, Cataluña, supondría una vulneración del artículo 1 de la Constitución que establece que la "soberanía nacional reside en el pueblo español", no en una parte de ese pueblo español. Lo contrario es hacer que los catalanes tengan la soberanía sobre el conjunto de la nación y tratarnos a los demás como ciudadanos de segunda clase. Y la segunda razón es que, aún si se hiciera el referéndum entre todos los españoles, este sería también ilegal, porque supondría una vía de reforma del artículo 2 de la Constitución, que habla de la "indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles", que no es la que se recoge en el artículo 168 de la misma Constitución. Es decir, para poder hacer lo que quieren los nacionalistas catalanes no basta con preguntarles ni siquiera a todos los españoles, habría que llegar primero a unas mayorías del 66% de las Cortes, convocar elecciones, volver a tener unas mayorías del 66% y celebrar (después, no antes) un referéndum en toda España en el que saliera sí a la reforma constitucional. Por eso, el proceso que han iniciado los nacionalistas catalanes es, bajo una apariencia de democracia, pseudo-democrático, pues una base de la democracia, tanto como el voto, es el Estado de Derecho, pues sin él no hay democracia posible. 

El segundo principio democrático que los nacionalistas vulnerarían con la consulta que pretenden está en la falta de neutralidad de las mismas preguntas. Cualquier estudioso del voto sabe que están formuladas para tener ventaja, pues al formular dos preguntas, y la segunda incluyente con la primera, las combinaciones de posibles respuestas hacen que haya más probabilidad de voto en sentido afirmativo que negativo. Un simple análisis de las cuatro combinaciones básicas, aunque hay en realidad nueve, confirma lo que sostengo. Solo en el caso de que vote que no a las dos preguntas la opinión del votante es que no quiere un Estado catalán. En todas las demás se puede interpretar que quiere la secesión de Cataluña, pues votar que sí a la primera y no a la segunda es decir que quiere un Estado (aunque no fuera independiente), como dice que sí quiere un Estado si vota a las dos que sí, como dice que sí si vota que no a la primera y sí a la segunda, pues querer un Estado independiente incluye, necesariamente, querer un Estado. Es decir, la probabilidad de decir que se quiere un Estado, por la forma de las preguntas, es mayor para el sí (el 55,5% en realidad) que para el no (33,3%). Solo una pregunta simple de sí o no hubiera sido neutral garantizando la pureza del resultado. Solo en regímenes seudodemocráticos se manipulan las preguntas tan tramposamente. 

Que el nacionalismo, sea el que sea, incluye gérmenes antidemocráticos es un hecho ya conocido (léase a Hannah Arendt), ahora de lo que se trata es de combatirlos. Y para eso hace falta tanto como declaraciones contundentes y unidad, pensamiento serio y pedagogía. Mucho me temo que los españoles tenemos una idea simple de lo que es una democracia. Quizás porque solo llevamos 35 años ejerciéndola, y mal. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

¿Cambio o tendencia?

En estos meses finales de 2013 y los primeros de 2014 nos encontraremos en un momento de impasse en la evolución de nuestra economía, en un punto de inflexión que puede evolucionar bien hacia una salida de la crisis a medio plazo (y con dificultades), bien hacia un largo estancamiento "a la japonesa". 

El origen de un punto de inflexión es la incertidumbre. En una economía moderna, en la que la información y las expectativas son claves para su funcionamiento, un punto de inflexión se produce cuando hay información contradictoria y no se pueden formar expectativas confluyentes. En ese momento, tanto las familias como las empresas no tienen una referencia de lo que están haciendo los demás y se pierde el "comportamiento de rebaño" que tenemos los seres humanos. En los años en los que todos los datos son positivos es difícil que algún agente no tenga las mismas expectativas de crecimiento que tienen los demás. De la misma forma, en los años duros de una crisis, todos los agentes son pesimistas y la economía se contrae más porque se genera ese estado de opinión en el que todo el mundo percibe negativamente el futuro. Formadas las expectativas, el "comportamiento de rebaño", un comportamiento racional porque sintetiza la "mejor información", hace el resto. Por eso, de cómo interpreten los distintos agentes la situación en la que nos encontramos, ésta evolucionará en un sentido o en otro, y, de igual modo, de cómo interpretemos los economistas que van a interpretar los agentes la situación dependerá el que acertemos o no con lo que va a ocurrir. 

La realidad es que la economía española está saliendo de la recesión, volviendo a crecer a unas tasas que pueden estar en el entorno del 1% el año que viene, más por el crecimiento exterior que por la reactivación de la demanda interna; que se ha terminado el ajuste en el sector privado, quedando aún parte por hacer en el sector público, y que tenemos la inflación bajo mínimos, fundamentalmente por la devaluación salarial. Sin embargo, aún tenemos una economía muy endeudada, un déficit público por encima del 6,5%, hemos perdido más de un millón de empresas y, sobre todo, tenemos una tasa de paro por encima del 25%. Y podría aportar otro conjunto de datos contradictorios de nuestra economía. 

Ante estos datos, ¿qué expectativas se está formando la mayoría de la población? El Gobierno, cumpliendo con su obligación, está haciendo todo lo posible, ayudado por los principales empresarios de este país y no pocos medios de comunicación, por iluminar estos datos de una forma optimista, comparando la situación, por ejemplo, con la que teníamos hace solo unos meses y no con la que teníamos antes de la crisis o la de nuestros competidores, y generando expectativas que aceleren la salida de la recesión. Y ya hay algunos grupos sociales que lo creen y lo propagan. Pero me temo que aún son minoría. Una minoría que puede ir creciendo si el Gobierno logra que vuelva a fluir el crédito (de ahí la últimas decisiones sobre la banca y la esperanza puesta en las pruebas de la primavera) y logra hacer una reforma fiscal que haga que la gente crea que se le han bajado los impuestos. Objetivos que tiene en la cartera para el próximo año. 

Por eso es probable que el 2014 sea mejor que lo que ha sido el 2013 e incluso que tengamos que revisar las previsiones en unas décimas. La salida de la recesión se está produciendo y se puede acelerar. Sin embargo, no creo que vaya a acelerarse demasiado, porque las expectativas de una parte muy importante de la población se forman a partir de su situación laboral, y mucho me temo que aún estamos lejos de poder crear puestos de trabajo que reduzcan la tasa de paro. Y mientras eso no se produzca no habremos cambiado realmente de tendencia. 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Desilusión

La Conferencia Política del PSOE celebrada hace unos días me ha producido una cierta desilusión. Una desilusión por lo que ha sido la conferencia en sí, por su contenido y por su mensaje final. 

En primer lugar, creo que el PSOE se ha equivocado en la forma de enfocar su renovación. En mi opinión, tras la debacle electoral, tendría que haber convocado un congreso extraordinario, en un año aproximadamente, para construir un nuevo liderazgo y, a partir de ahí, renovar sus propuestas. Porque es el liderazgo el que determina el discurso y da coherencia al relato político, ya que eso es lo que da la condición de líder político de alguien. Hacerlo como lo ha hecho, empezando por las "ideas", para después escoger al "gestor" de ese ideario, es despojar al que elijan de su propio carácter de líder. Peor, como pronto empieza el ciclo electoral, la persona que escojan solo tendrá un año para preparar las generales del 2015. 

Mi segunda desilusión ha sido el contenido de la Conferencia. Empezando por la ponencia, un mamotreto de 384 páginas, que me parece excesivo como líneas maestras programáticas, máxime cuando, además, se remite a más documentos para argumentar lo que sostiene. Una ponencia incoherente en su contenido, con lagunas increíbles y con detalles asombrosos. Incoherente porque parece hecha a partir de "trending topics" de la política del momento, y no desde un análisis equilibrado y riguroso de la situación política, social y económica de España. En cuanto a las lagunas, dos muy llamativas: política exterior y política territorial. Sobre política exterior se dice tan poco que sorprende la reflexión sobre la globalización con la que se abre el texto. Como sorprende que, siendo el tema territorial un eje crítico del debate político, se despache con una referencia al documento de Granada, que podría haberse extractado en esta ponencia. En general, la mayoría de las ideas son demasiado añejas, con ecos del siglo XIX (el tema de la laicidad tiene más de un siglo), cuando no del programa de Zapatero, muy poco innovadoras para los retos que tenemos en el sexto año de crisis económica. En política económica, más concretamente, hay demasiado lugar común, poca economía rigurosa y mucha propuesta de intervención. Así, por ejemplo, el tratamiento del sistema financiero es de una ingenuidad que asombra. Sin embargo, enfocan bien el tema fiscal, pero no lo rematan porque siguen sin considerar las cotizaciones sociales como un impuesto al trabajo (otra antigualla). Hay una genuina preocupación por el paro, pero enfocan, en mi opinión, mal la regulación del mercado laboral, proponiendo la vuelta a un modelo que nunca ha funcionado bien. Pero la sorpresa más importante de la ponencia es que dedica solo 27 páginas al Estado del Bienestar (pensiones, dependencia, sanidad y educación), con otra ristra de ideas antiguas, mientras que hay 20 páginas dedicadas al propio PSOE y 30 a los medios de comunicación, internet y la "política cultural progresista". Mucho me temo que la ponencia no sirva realmente para mucho, salvo para certificar que el PSOE no ha renovado más sus ideas de lo que ha renovado su liderazgo. 

Por último, el mensaje final. El que el PSOE "haya vuelto más rojo", más radical, no creo que sea la forma de ganar las próximas elecciones, máxime si tiene en cuenta que no puede luchar a ser más "rojo" que IU, que ha perdido Cataluña y le pesa en el resto de España el tema territorial. 

Creo sinceramente que España necesita al PSOE, pero un PSOE mucho más riguroso a la par que innovador, más capaz de renovarse tanto en liderazgo como en ideas. Y le hubiera bastado con mirar fuera de nuestras fronteras para ello. El hecho es que, a menos de un año de iniciarse el ciclo electoral, el PSOE sigue sin ideas y sin liderazgo. Demasiada ventaja para un PP que puede crecerse a poco que vaya la economía mejor (que irá).

lunes, 4 de noviembre de 2013

Una buena noticia, adelantada

Estamos tan ávidos de buenas noticias económicas que, cuando hay el más ligero indicio, el Gobierno se apresura a publicarla, los medios en jalearla y la opinión pública en celebrarla. 

La semana pasada, el Instituto Nacional de Estadística (INE), como es habitual, publicó el Indice de Precios al Consumo (IPC) "adelantado" del mes de octubre. Es un indicador interesante que se calcula a partir de una muestra de la muestra de bienes y servicios del IPC normal, y es "adelantado" porque se publica sin que se haya terminado el mes. El dato normal de IPC de octubre, que suele coincidir con el "adelantado", se conocerá el día 13 de noviembre según el calendario del INE. Es un típico indicador para analistas porque se publica tres semanas antes y permite tomar decisiones, sobre todo, en los mercados financieros. Lo curioso del caso es que no se le suele prestar atención periodística y esta vez, en plena campaña propagandística de la "recuperación" se ha publicitado como si fuera el definitivo. 

Y el dato publicado es objetivamente bueno. Si se confirma, el dato de que, en tasa interanual, los precios se han estabilizado, pues eso es lo que significa una caída de octubre a octubre del -0,1%, es una buena noticia. Buena noticia porque significa que las rentas (salarios, pensiones, prestaciones) no se están viendo erosionadas por la inflación. Buena noticia porque no se produce deslizamiento impositivo en el IRPF. Buena noticia porque, dado que la inflación en Europa es unas décimas superior, estamos ganando competitividad. Buena noticia porque supone una base para la bajada de los tipos de interés. Buena noticia, en definitiva, porque es un equilibrio fundamental que hay que tener siempre controlado. 

Las causas de esta buena noticia son, en mi opinión, cuatro. En primer lugar, el precio del petróleo y de la mayoría de las materias primas en euros está estabilizado o a la baja, desde hace más de un año, no solo por la evolución de los propios mercados, sino por la ligera apreciación del euro frente al dólar. En segundo lugar, en octubre se ha terminado la absorción, que produce a su vez un efecto estadístico, de la subida del IVA del año pasado. En tercer lugar, y es ya una causa más determinante, la senda de estabilidad de precios en la que parece que entramos se debe a la atonía del consumo privado, lo que nos indica que las empresas reaccionan al bajo crecimiento de la demanda interna con control de costes. Y, finalmente, y es, en mi opinión, la verdadera razón del buen dato, tenemos la inflación controlada porque está habiendo un fuerte ajuste de las rentas salariales (empezando por la de los funcionarios) y hay un importante incremento de la productividad real por asalariado. En definitiva, la inflación empieza a comportarse como debería según las circunstancias de crisis. 

La cuestión es si esto es una situación coyuntural o es una tendencia. Y es en esta cuestión donde no se puede hacer un análisis tajante. Porque si bien hay elementos que nos indican que las empresas y los trabajadores españoles han aprendido que no se puede tener un crecimiento sano a base de inflación, porque nos movemos en un entorno competitivo global, por otra parte persisten en nuestra economía no pocos elementos inflacionarios, pues no se han hecho las reformas estructurales sectoriales que hagan a los mercados españoles verdaderamente competitivos, ya que seguimos teniendo mercados semimonopólicos y regulados, empezando por los de factores de producción, que sólo tienen moderación de precios por la atonía del consumo. En definitiva, por si había alguna duda de que esta crisis es diferente a las grandes del siglo XX, los datos de inflación lo corroboran, porque la de los treinta cursó con la grave enfermedad de la deflación y la de los setenta con la no menos grave de la inflación. Esta, al menos, en esto nos va bien.